sábado, 11 de marzo de 2017

11-M


Los atentados del 11 de marzo de 2004, conocidos por el numerónimo 11M, fueron una serie de ataques terroristas en cuatro trenes de la red de Cercanías de Madrid llevados a cabo por una célula terrorista de tipo yihadista, tal como reveló la posterior investigación policial, sentenció la Audiencia Nacional y reiteró el Tribunal Supremo.

Se trata del mayor atentado cometido en Europa detrás del atentado de Lockerbie ocurrido en 1988, con 10 explosiones casi simultáneas en cuatro trenes en hora punta de la mañana (entre las 07:36 y las 07:40). Más tarde, y tras un intento de desactivación, la policía detonaría de forma controlada dos artefactos que no habían estallado. Tras ello desactivaron un tercero que permitiría, gracias a su contenido, iniciar las primeras pesquisas que conducirían a la identificación de los autores. Fallecieron 193 personas, y 1858 resultaron heridas.









viernes, 10 de marzo de 2017

¿Por qué hay que evitar gritar a nuestros hijos?


Hombre gritando

A nadie le cae bien una persona que grita. Desde pequeños nuestros padres intentan enseñarnos, una y otra vez, a hablar con respeto, a no levantar la voz y evitar gritar a cualquiera que entable una conversación con nosotros.

Pero, ¿qué ocurre cuando los padres son los que toman esta costumbre tan fea y educan a los hijos a base de gritos? Hay situaciones en las que hasta para el padre más paciente es inevitable levantar la voz al pequeño ante una rabieta, un niño rebelde o cuando nuestro hijo se convierte en la reencarnación de Daniel el travieso. ¿Qué hacemos entonces si se va convirtiendo en algo habitual? ¿Es posible educar sin gritar?

La respuesta es sí, aunque no es fácil. “Se necesita mucho autocontrol y paciencia. Los aprendizajes requieren tiempo y nuestro papel como padres es enseñarles la mayoría de cosas que les servirán en su vida adulta. Pero a veces nos lo ponen difícil. Educar sin gritar es simplemente decir lo mismo, pero en otro tono. Sencillo, ¿no?”, explica Mireia Navarro Vera, directora del centro de psicología y logopedia El Teu Espai.

No existen estudios que confirmen o avalen las consecuencias que tiene para un niño crecer en un ambiente familiar en el que los gritos son una constante, pero Navarro Vera advierte a los padres de que si la tendencia sigue, la adolescencia puede ser una época muy complicada ya que los pequeño ellos aprenden de nuestro ejemplo: “si yo grito cuando me enfado ellos entienden que es lícito gritar cuando se enfadan”, añade.

Motivos para dejar de gritar

Aunque las razones para educar sin gritar son múltiples, la experta insiste en tres:

- Si quieres enseñar a tu hijo respeto debes tratarlo con respeto. Si les gritas no los tratas con respeto, les enseñas a usar la agresividad para solucionar los conflictos.

- Si le gritas, no te escucha. Se acostumbran al grito y deja de funcionar. “Cuando esto pasa, ¿qué hacemos? ¿Gritar más alto?”, continúa Navarro Vera. “Además, el grito cierra automáticamente sus oídos y no van a querer escuchar lo que queremos enseñarles.

- Con cada grito perdemos autoridad positiva. La especialista es clara: conseguir que nuestros hijos nos obedezcan por respeto es mucho más difícil que conseguir que nos obedezcan por miedo, pero a la larga es mucho más efectivo, ya que la obediencia por miedo lo que acaba generando es rebeldía.

Uno de los problemas que se pueden encontrar los padres es que vinculan alzar la voz con conseguir que el niño les respete. Sin embargo, ser firme no significa decir las cosas gritando, significa poner límites y mantener las decisiones. “Cuando digo no es inamovible. No hace falta que se lo grite, él debe aprender que cuando digo algo se cumple, y os diréis: si claro, ¿y cómo lo hacemos? Pues demostrándolo en cada límite que pongo, cada día, con paciencia y perseverancia. En la educación no hay atajos, todo requiere tiempo y esfuerzo”, añade Navarro Vera.

¿Y cómo podemos cambiar este hábito? Tal y como especifica la experta, es sólo cuestión de autocontrol. “Al principio se te escapará con facilidad, para en cuanto te des cuenta y rectifica, no pasa nada. Poco a poco conseguirás dominarlo antes”, dice.

Algunos trucos para conseguirlo son intentar comprometerte con tus hijos para que te ayuden a dejar de gritar o hacer un pacto a dos: vamos a hablarnos sin gritar.

Sin embargo, aunque consigamos acabar con los gritos siempre habrá una excepción que haga que reaparezca. “Para esos casos, sólo pide perdón. Así de sencillo, perdona hijo, he perdido los nervios, ya sabes que no me gusta gritarte pero es que no deberías...", concluye la directora del centro.

lunes, 6 de marzo de 2017

Enseñar a los niños a ser ordenados.


El orden es la acción de dejar las cosas en el lugar que les corresponde. Desde la infancia, los niños deben aprender el valor de ser ordenados, y es en estas primeras etapas de la vida, cuando es más importante educar al niño para que ordene sus cosas. 

Si son los padres quienes siempre ordenan y recogen los juguetes, habitación o enseres del niño, éste se acostubrará a la situación y más adelante, durante la preadolescencia o adolescencia será mucho más difícil conseguir que sea ordenado.

Consejos para conseguir que los niños sean ordenados

Estas son algunas pautas e ideas que te ayudarán a que tus hijos aprendan el valor del orden:

- Educa con el ejemplo. Si tus cosas están ordenadas, mantienes un orden general en la casa, al niño le será más fácil aprender que cada cosa tiene su sitio.


- Ayúdale a ordenar. Los primeros años no basta con pedir al niño que recoja sus juguetes, has de sentarte con él y enseñarle dónde ha de guardar sus cosas para poder encontrarlas cuando quiera volver a jugar.


- Podéis organizar juegos de guardar, como cronometrarle para ver cuántos juguetes recoge en el tiempo que determines.


- A los niños les resultará más divertido si cantáis canciones divertidas para recoger la habitación, como la canción de guardar: "A guardar, a guardar, cada cosa en su lugar, a recoger, a recoger, que mañana hay que jugar".


- Puedes tener cajas o cestos de juguetes para que la acción de ordenar sea más sencilla: la caja de los coches, el cesto de las muñecas, la caja de los bloques de construcción.


- No sólo se trata de que el niño ordene sus juguetes, sino todas sus pertenencias: zapatos, camisetas... Enséñale dónde va cada prenda en su armario para que cuando se la quiera poner la encuentre fácilmente.


- Has de hacerle comprender que tener los juguetes ordenados al final del día, le ayudará a retomar el juego en otro momento. Si no tapa las témperas y las ordena, la próxima vez estarán secas y no servirán.